En esta época del año es imposible que el MANGO pase desapercibido.
Los árboles se encuentran cargados; en las calles y veredas se ven acumulados, y los basureros no son la excepción.

De diversos tamaños y colores, la naturaleza nos regala una fruta dulce y cremosa, que nos obliga (de acuerdo a la variedad) a utilizar hilo dental después de consumirla.

Además está cargado de propiedades nutritivas por su contenido en diversas vitaminas y minerales.
Son fuente de vitaminas del complejo B como la tiamina, riboflavina y niacina: todas esenciales para el buen funcionamiento de nuestras células , la disponibilidad de energía para el cuerpo, las contracciones musculares, así como un buen funcionamiento del sistema nervioso que nos permite un mejor sueño y sentirnos más felices.
Pero no termina allí, ya que tienen propiedades antioxidantes por su contenido en vitamina C y betacarotenos: estos ayudan a neutralizar los radicales libres previniendo con ello el desarrollo de enfermedades relacionadas con el estrés oxidativo como la diabetes mellitus II, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer.

EL mango contiene hierro, magnesio, potasio y mucha fibra sobre todo en la cáscara, por lo que bien lavada les recomiendo probarla!
El contenido calórico de un mango pequeño es similar al de una manzana grande.
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